ARISTÓTELES
ÍNDICE:
1.
LA POSICIÓN DE
ARISTÓTELES RESPECTO A PLATÓN Y LAS LÍNEAS FUNDAMENTALES DEL PENSAMIENTO
ARISTOTÉLICO.
2.-
LA FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA DE ARISTÓTELES
2.1.- EL CONCEPTO ARISTOTÉLICO DE CIENCIA Y LA
CLASIFICACIÓN DE LOS SABERES
2.2- FÍSICA Y
METAFÍSICA. EL SER Y LA SUSTANCIA. LA POTENCIA Y EL ACTO. LA TEORÍA
HILEMÓRFICA.
3. LA TEORÍA
ARISTOTÉLICA DEL ALMA
4. ARISTÓTELES: MORAL Y POLÍTICA.
VIDA
Aristóteles (384-322) nace en Estagira, en la península de Calcidia. Su padre, Nicómaco, médico del rey de Macedonia, inició a su hijo en la disección y en la anatomía, de donde suele explicarse el interés de Aristóteles por la observación y por las ciencias biológicas. A los dieciocho años le mandan a estudiar a Atenas, donde se inscribe en la Academia platónica, en la que permanece veinte años, hasta la muerte de Platón. Recibió el apodo de la mente por su inteligencia. En su juventud fue más platónico que Platón, pero se distanció paulatinamente del maestro (dice Aristóteles en la Ética a Nicómaco: Soy amigo de Platón, pero más amigo aún de la verdad, frase que ha quedado como fórmula de la fidelidad a la verdad) hasta criticar con dureza las teorías platónicas. En Atenas Aristóteles es considerado siempre un meteco (extranjero), lo cual explica tal vez por qué Aristóteles se inclinó hacia un ideal de investigación desinteresada y de contemplación pura, distinto del de Platón, que consideraba a la filosofía como un instrumento de reforma política. Después de la muerte de Platón, se marcha a Aso y a Lesbos. En el 343 es llamado por Filipo de Macedonia para ser preceptor de Alejandro (que será Alejandro Magno). Alejandro en el poder unifica y pacifica Grecia, y Aristóteles aprovecha la ocasión para volver a Atenas y abrir su propia escuela (la Academia platónica le atraía cada vez menos por el giro pitagorizante que había dado tras la muerte de Platón). Su escuela es llamada Liceo por la proximidad con un gimnasio dedicado a Apolo Licio. La escuela será conocida también como El Perípato (de perípatos, paseo) por la costumbre de sus miembros de dar las clases paseando. En el 323 muere Alejandro, con quien Aristóteles, por otra parte, no compartía la política expansionista (no aprobaba que bárbaros y griegos fueran tratados en pie de igualdad). Tras la muerte de Alejandro se desata en Grecia una reacción contra la soberanía macedonia. Aristóteles, como macedón, se siente en peligro y huye, según dice para que los atenienses no cometieran un segundo crimen contra la filosofía (el primero fue el de Sócrates). Muere al año siguiente.
Las obras de Aristóteles se dividen en dos grupos: obras exotéricas,
diálogos en su mayoría, dirigidas al gran público, y obras pedagógicas, que
eran resúmenes de las lecciones dadas en el Liceo. De las obras del primer
grupo sólo se han conservado fragmentos, mientras que de las segundas queda
casi todo (al contrario que en Platón), lo cual explica en alguna medida el
estilo árido y de escaso valor literario de la mayoría de los textos
aristotélicos que conocemos.
1. LA POSICIÓN DE ARISTÓTELES RESPECTO A PLATÓN Y LAS LÍNEAS
FUNDAMENTALES DEL PENSAMIENTO ARISTOTÉLICO.
Para comprender la filosofía de Aristóteles es necesario tener
en cuenta que está en constante diálogo o polémica con la de Platón. El aspecto que más rechaza de la filosofía
platónica es la tesis de la existencia separada de las ideas. Sócrates -dice
Aristóteles en la Metafísica - no otorgaba una existencia separada a los
universales (las definiciones); pero los platónicos que vinieron después los
separaron y dieron a esta clase de realidades el nombre de ideas. Es esta
separación de las ideas lo que Aristóteles no puede admitir; significa separar
la esencia de las cosas de las cosas mismas. Intentando explicar este mundo,
Platón lo duplica, y entonces tiene que explicar dos mundos. Platón trasladó al
otro mundo el orden y la unidad necesarios a este mundo e hizo imposible toda
investigación de la naturaleza al definir la ciencia como ciencia de la idea. ¿Qué
son las ideas platónicas según Aristóteles? Son transfiguraciones de las cosas
sensibles mismas, eternizadas e inmovilizadas. La idea platónica no es ni causa
eficiente, pues no explica el origen del movimiento, ni causa formal, porque la
verdadera forma (esencia) es intrínseca a lo sensible, ni causa final, pues el
bien de cada cosa es inmanente a ella, ni, obviamente, causa material. Por otra
parte, los modos en que Platón intenta resolver el problema de las relaciones
entre mundo de las ideas y naturaleza, le parecen a Aristóteles incongruentes: decir
que las ideas son paradigmas o modelos, y que las cosas participan de ellas, no es sino
pronunciar palabras vacías y construir
metáforas poéticas. (No para aquí la crítica a Platón, pero la iremos viendo en los distintos apartados de
la filosofía aristotélica).
De toda esta crítica se deduce ya cuáles son las líneas maestras
de la filosofía aristotélica:
- Reelaboración del concepto de ser, superando la división
entre ser y devenir.
- Rehabilitación del movimiento, que entra con todo derecho
en la noción de ser.
(Superación, por tanto, de la antítesis
Parménides-Heráclito).
-Rehabilitación del mundo sensible, no hay más seres que los
seres individuales.
- Restauración de la unidad de la realidad, que vuelve a
pensarse (remontándose más atrás de Platón) como naturaleza.
- Restauración de la unidad del conocimiento, superando la
división y separación entre sensibilidad y razón, sentidos e inteligencia.
- Sustitución del problema del origen de la realidad por el
de las causas (elaboración de una teoría completa de las causas).
2.- LA FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA DE ARISTÓTELES
2.1.- El concepto
aristotélico de ciencia y la clasificación de los saberes
En la teoría del conocimiento la crítica de Aristóteles al
dualismo platónico se concreta en la negación de las dos ideas básicas de la
gnoseología platónica: la anámnesis y
la dialéctica como ciencia de las ideas separadas. Si, como afirma Aristóteles
contra Platón, no hay más realidad que los seres singulares, el conocimiento
habrá de explicarse enteramente a partir de los elementos del mundo sensible,
con lo que la sensibilidad no aparece ya como un obstáculo al conocimiento,
sino más bien como una mediación y un camino indispensables hacia el mismo.
Aristóteles insiste en la continuidad de este camino que permite elevarse de la
sensación a la ciencia. El conocimiento será así el término de un proceso de
inducción o abstracción a partir de lo sensible, un proceso en el que los
materiales presentes a la sensibilidad son elaborados por la actividad
sintética de la mente en distintos niveles o grados, cada vez más complejos.
- Grados de conocimiento.-
El grado más bajo es el sentir, el cual, ya en su modestia
de punto de partida, es un modo de saber (o de verdad, en el sentido de la
aletheia griega, que significa patencia o presencia). En el sentir se tiene ya
la patencia de algo, y por esta razón, y porque todos los hombres aman el saber
(son todos algo filósofos), los hombres tienen amor por los sentidos
(Aristóteles subraya el apego de los hombres a la vista, que es el sentido que
da más patencia). Esta patencia del
sentir la comparte el hombre con los animales.
Ahora bien, el sentir es una fuga constante: si no hubiera más
que sensación el conocer sería cosa de instantes y se iría con ellos; las
sensaciones son, dice Aristóteles, como un ejército en fuga. Pero ocurre en
algunos animales y en los hombres que las sensaciones detienen su fuga por la
memoria. Es como si los soldados se parasen. Por la memoria se va organizando
un orden que permite a las sensaciones reorganizarse y dirigirse a las cosas.
Este orden, organizado por la memoria sobre el sentir, es lo que Aristóteles
llama experiencia (empeiría), que es el segundo grado del conocer.
El hombre tiene otros modos de saber ya exclusivos suyos, pero
que están todos apoyados en la experiencia organizada por la memoria: tékhne, phrónesis, episteme, nous y sophía.
La tékhne (técnica o arte, los latinos traducen ars) es el
saber que rige la producción de algo, es decir, ese tipo de acción que en
griego se llama poíesis. La poíesis es aquella acción en que cabe distinguir la
acción misma y su objeto: el término de
la acción es algo distinto de la acción, como
la estatua se distingue del hecho de esculpirla. La tékhne es una saber
superior a la mera experiencia, porque mientras por experiencia se sabe de un número concreto de casos, por
tékhne se sabe de todos los casos de un mismo fenómeno. El empírico sabe que
Fulano está enfermo y que suministrándole tal fármaco se curará, mientras que
quien posee la técnica de la medicina sabe por qué se cura. Este último obra
con conocimiento de causa y así conoce no de este o aquel caso sino de todos
los casos, por ejemplo, de todos los griposos; alcanza con ello un saber
universal que no posee el empírico.
La phrónesis se refiere también a la acción pero entendida como
praxis, no como poíesis. La poíesis tiene su fin en una obra que es exterior a
la acción misma. La praxis tiene por objeto la misma acción: son las acciones
que producen el carácter del propio agente. Para Aristóteles lo práctico, la
praxis en sentido griego, no se opone a la teoría. Al contrario, la teoría es
la forma suprema de la praxis, porque la teoría es la acción que más
perfecciona al agente. Pues bien, la
phrónesis es el saber que rige la praxis. La phrónesis, que se traduce como
prudencia, es el saber moral, esto es, el saber que se refiere a la perfección
del agente. Por eso es el saber sobre el bien y el mal, lo conveniente y lo
inconveniente.
Por encima de los conocimientos anteriores se encuentra el grado
de saber que Aristóteles llama episteme, ciencia. La definición de episteme es:
saber demostrativo por las causas de lo necesario (de lo que no puede ser de
otra manera que como es). En esta definición se sienta un ideal de la ciencia
que permanece en vigor hasta nuestros días: el ideal demostrativo. La
demostración, procedimiento por el que se muestra necesariamente una tesis,
acontece en un acto mental preciso: el
silogismo (de sin y logoi, conexión de razones). El silogismo tiene diversos
momentos: las premisas y la conclusión. Es un razonamiento por el que el
consecuente o conclusión se deriva necesariamente de las premisas: supuestas
las premisas, se sigue necesariamente la conclusión.
Por ejemplo:
Todos los hombres son mortales
Sócrates es hombre (premisas)
--------
Sócrates es mortal (conclusión)
Cada una de las ciencias asume premisas o principios propios,
particulares de ella y sólo de ella, que conciernen a sus objetos (tesis), y
principios comunes a varias o a todas las ciencias (axiomas), como, por
ejemplo, el principio de identidad (A es A) y el principio del tercero excluido
(no es posible que haya término medio entre dos términos contradictorios).
Hay que observar que el cumplimiento total del ideal
aristotélico de ciencia significaría que toda verdad fuera demostrable. Esto
implicaría que todas las premisas, excepto al menos, como se verá, una, fueran
conclusiones de silogismos más altos o anteriores. Veremos poco después que
esto lleva a Aristóteles a postular una facultad especial de conocimiento
distinta de la silogística o lógica; subrayemos ahora la relación entre el
ideal deductivista aristotélico y la vía descendente de la dialéctica
platónica... Aristóteles comienza por insistir en la necesidad del camino
ascendente (inducción o abstracción), pero elabora un concepto de ciencia que
deja de lado este camino y se fía al contrario. Ocurre que el concepto de episteme es una teoría: contiene el
ideal de la ciencia perfecta. Y Aristóteles tiene clara conciencia de que la
ciencia, tal como puede practicarla un hombre, tal como el mismo
Aristóteles la practicó, no coincide nunca completamente con este ideal, y de
que si la ciencia es un admirable punto de llegada, sólo tiene valor en
dependencia del punto de partida, que
es precientífico: la experiencia. La condición humana (en Platón hablaríamos
del hecho de estar en este mundo sensible) del científico le obliga a seguir un
orden inverso al orden teórico de la
ciencia perfecta (el silogístico). A este propósito, Aristóteles distingue
entre lo que es anterior y más conocido -sic- por naturaleza, y lo que es
anterior y más conocido para nosotros. El conocimiento humano no sigue el orden
de la anterioridad y causalidad reales: lo más frecuente es que sepamos el qué
ignorando el porqué. Sabemos el hecho e ignoramos la causa. El origen sensorial
del conocimiento es lo que obliga a romper el esquema deductivo del ideal de la
ciencia sentado en la razón lógica.
Después de la episteme está el nous (intuición). La necesidad de
postular esta facultad procede de un problema intrínseco al ideal deductivo de
ciencia: el problema de la verdad de los principios. En efecto, si el ideal de
la ciencia es la demostración y ésta se asienta sobre principios, cabe
plantearse ahora en qué se asientan los principios mismos. Pues si hubieran de
asentarse sobre el mecanismo de la demostración silogística se daría un
regressus in infinitum. Para evitar esta regresión habrá que ir a parar a algo
que no se necesite demostrar, a unos principios verdaderamente primeros, en el
sentido de que no son conclusión de ningún silogismo o no necesitan ser demostrados. El hombre conocerá estos principios básicos
con otro modo de saber o de tener patencia, ya que no pueden ser demostrados y
que se niega el innatismo platónico: el nous, que será la facultad de los
principios primeros.
Más allá del nous, como conocimiento supremo, está la sophia,
sabiduría, de la que Aristóteles dice que sería la visión a una de los
principios y la demostración. El pensamiento de Aristóteles sobre la sabiduría
es bastante vacilante, lo que se expresa ya en el nombre que emplea a menudo
para ella: la ciencia buscada (a la que llama también filosofía primera). La
sabiduría es la ciencia más universal, pues nada se le oculta. Es la más
difícil, pues es la más alejada de lo sensible. Es contemplativa (los primeros
intentos de la sabiduría, dice Aristóteles, tuvieron por causa el asombro (por
tanto, el reconocimiento de la propia ignorancia) y por fin no otra cosa que la
supresión de la ignorancia. La sabiduría habría de ser también la ciencia
arquitectónica (el término que emplea Aristóteles para designar la ciencia de
los cimientos, la ciencia primera o básica).
Aristóteles da a lo largo de sus obras varias respuestas a esta cuestión
de la ciencia arquitectónica. En la Ética a Nicómaco la investigación acerca de
la ciencia primera se halla dentro de una reflexión sobre la felicidad. La
experiencia más inmediata nos pone en presencia de una pluralidad de fines
humanos: uno busca la salud, otro la victoria, otro la riqueza. A cada uno de
estos fines le corresponde un saber adecuado: medicina, estrategia, economía.
Entonces, para el fin supremo que es la felicidad, al cual se subordinan los
otros fines, ha de haber también un saber, que será el saber más importante: la
sabiduría. Y en esa obra, la ciencia arquitectónica es la política. En cambio,
en la Metafísica, sobre la misma cuestión de la ciencia primera, hay dos
respuestas: por un lado, la ciencia primera sería la ciencia que abarca todas
las cosas; y como lo que tienen en común todas las cosas es el ser, tal ciencia
sería una ciencia del ser, es decir, una ontología. Por otro lado, la ciencia
primera sería la ciencia cuyo objeto fuera lo más elevado o excelso; y como
esto es Dios, tal ciencia sería la teología. En el primer caso (ontología) la
ciencia o filosofía primera sería primera por ser universal. En el segundo caso
(teología) sería universal por ser primera. (Pero de este punto volveremos a
hablar cuando tratemos el capítulo de la metafísica).
La clasificación de los saberes.- Aristóteles elabora un cuadro
del conjunto de las ciencias mucho más rico del que puede encontrarse en
Platón. Ordena el conjunto de las ciencias atendiendo primero a un criterio de finalidad (el para qué del saber) y
segundo al objeto de que cada ciencia
se ocupa. Habrá tantas ciencias distintas cuantos modos distintos de seres y cuantos modos distintos de
considerarlos.
Pues bien, según estos criterios, el cuadro es el siguiente:
|
CIENCIAS TEÓRICAS (Su finalidad es el saber
mismo, la contemplación, el puro conocimiento de la verdad) |
Filosofía primera(ciencia buscada,
metafísica): - ontología:
ser(ontos) en cuanto ser, primeros principios - teología: sustancia inmóvil y separada de la materia (Dios) Física: ente móvil, sustancias
móviles inseparables de la materia, que poseen en sí el principio del
movimiento y del reposo Matemática: objetos inmóviles
abstraídos de la materia. No existen
en sí o por sí ( contra la doctrina de Pitágoras y de Platón) sino que son un
accidente de lo que existe por sí. Es la ciencia de la cantidad, discreta o
continua.
|
|
CIENCIAS PRÁCTICAS:(Su
finalidad es gobernar la praxis y, por tanto, la perfección del agente) |
Etica: gobierno de sí
mismo Economía: gobierno de la
casa (oikós= casa), de la familia Política: gobierno de la
polis (de la ciudad) |
|
CIENCIAS PRODUCTIVAS (Su finalidad es dirigir
la poíesis y, por tanto, la perfección de la obra o
fin que persigue la poíesis) |
Poética Retórica. Dialéctica Medicina Música Gimnástica, etcétera |
Por otra parte, a este cuadro podría agregarse la lógica,
disciplina que Aristóteles no catalogó entre las ciencias, debido a que la
concebía como un auxiliar o instrumento de todas las ciencias.
2.2- Física y Metafísica. El ser y la sustancia.
La potencia y el acto. La teoría hilemórfica.
Al exponer la clasificación aristotélica de los saberes hemos
visto que la cuestión de la ciencia primera oscilaba entre la ontología y la
teología. Pues bien, volvemos ahora en este apartado a tratar el asunto.
Aristóteles dedica a la cuestión de la ciencia primera una serie
de tratados que él agrupa bajo la denominación de Filosofía primera que se
recogen tradicionalmente en forma de libro con el título de Metafísica. Este
nombre, que es posterior a Aristóteles, tiene un origen accidental. Se debe a
Andrónico de Rodas (s.I a.C.), quien al realizar la catalogación de las obras
de Aristóteles, tuvo a bien etiquetar los tratados que venían después de la
física - los cuales trataban cuestiones como el ser, la sustancia y los
accidentes, la potencia y el acto, la materia y la forma- con la denominación
meta ta physika, que significa literalmente lo que está más allá de la física.
El nombre Metafísica hizo fortuna porque en algún modo comprende un rasgo de
esos tratados. En efecto, abordaban cuestiones que pretendían ir más allá de la
física o del ente físico, proponían una
ciencia del ser generalísimo, no sólo del ser móvil que trata la Física;
trataban también alguna vez de la llamada sustancia separada, inmaterial, es
decir, de Dios. Ahora bien, hay que
hacer una observación. Por mucho que Aristóteles se propusiera una ontología de
carácter más general que la física, lo cierto es que las categorías de su
ontología son de hecho explicativas del ser físico. Como vamos a ver, las
nociones de sustancia y accidente,
potencia y acto, materia y forma, tienen por misión hacer inteligible el
movimiento, o sea, el ser físico. En
relación con esto, hay que tener en cuenta que el papel del ser suprasensible
(metafísico)(Dios) está reducido al mínimo en la filosofía primera
aristotélica, y que no difiere del papel que desempeña en la física. Por
consiguiente, no hay que confundir la metafísica aristotélica con una ciencia
de lo suprasensible (de lo metafísico como suprasensible), que es el sentido
que ha tenido más a menudo el término de metafísica. Metafísica, en este
sentido tradicional, serían la dialéctica platónica o la teología aristotélica,
pero no la filosofía primera aristotélica, que es mucho más una ontología del
ser sensible que una teología.
- El ser y la sustancia.
Lo que caracteriza a la filosofía frente a las ciencias
particulares es que tiene por
objeto la totalidad de lo que existe.
Entre los presocráticos que vimos la totalidad recibe preferentemente el nombre
de physis (naturaleza), pero ya Parménides emplea para lo mismo el término ser,
que es el que ha tenido más éxito. Aceptando este término, podemos decir
entonces que toda teoría filosófica intenta responder a la pregunta por el ser.
En Platón hemos visto que el ser es la esencia (eidos-idea). ¿Qué es el ser
para Aristóteles?
Aristóteles investiga la cuestión del ser a la luz de los
distintos modos en que se dice o emplea
el término ser. Relaciona por tanto el aspecto lógico o lingüístico del asunto
con el aspecto ontológico.
Aristóteles comienza por señalar que el ser se dice de muchas maneras:
se dice que el libro es, que el color es, que dos y dos son cuatro, que la
magnitud es, etcétera. Ahora bien, estos y tantos modos de ser no se dicen en
el mismo sentido. No es lo mismo ser hombre que ser grande o que ser
blanco. El ser por tanto no es unívoco.
Pero tampoco el término ser es un término equívoco u homónimo. Los diferentes
sentidos de ser no son casos de homonimia (como escudo, que significa tanto una
moneda como un instrumento defensivo). Ni unívoco ni equívoco u homónimo, el
ser es análogo: se dice de muchas maneras pero por relación (por analogía)
siempre a una manera eminente de ser. Esta manera eminente, que subyace a todo
uso del término ser, es la sustancia.
La sustancia (ousía, que significa ente, lo que tiene ser) es el
verdadero ser, lo que es apto para existir por sí, lo que existe en sí y no en
otro. Considerada en su aspecto lógico, la sustancia es el último sujeto de
atribución: a ella se refieren todos los predicados, mientras que ella misma no
se predica de ningún otro sujeto. Pues bien, el ser sustancial no es otro que
el ser concreto sensible, la pluralidad
de los entes de la naturaleza. Lo que no es sustancia, esto es, el ser dicho en
los modos no sustanciales, se llama accidente: son modificaciones que
sobrevienen a la sustancia y que no existen en sí sino siempre en otro, en la
sustancia (contra la teoría de las ideas de Platón, no se puede hablar de
belleza en sí, de bien en sí, de justicia en sí, pues estos términos son accidentales,
no sustanciales). Aristóteles da una
lista de las categorías (o modos de decirse y, por tanto, de manifestarse el
ser: por un lado, la sustancia, y por otro lado, los accidentes: cantidad,
cualidad, relación, lugar, tiempo, situación, posesión, acción, pasión. Esta es
una lista completa: todo modo de decir ha de incluirse en alguna de estas
categorías. Por otro lado, la contraposición sustancia/accidentes resuelve las
oposiciones típicas de la filosofía griega entre lo uno y lo múltiple, esencia
y apariencia, permanencia y cambio: la
sustancia se contrapone a los accidentes como lo uno a lo múltiple, la esencia
a la apariencia y la permanencia al cambio.
- Un paso más en la teoría de la sustancia: la teoría
hilemórfica.
Toda sustancia individual es un compuesto (synolon) de
materia(hyle) y forma (morphé) (de ahí hilemorfismo) Ni materia ni forma
existen separadamente, sino siempre en el compuesto. No han sido creadas, son
desde siempre. En la materia se distinguen:
-materia próxima: el bronce, la tierra, etc,
-materia primera: absolutamente
indeterminada (ápeiron, receptáculo). Tiene
un sentido hipotético: no existe separadamente.
La forma(morphé), en cambio, es el principio de
cognoscibilidad de las cosas. Por ser la esencia del individuo o de la
sustancia, la forma tiene prioridad sobre la materia.
-La cuestión de la sustancia segunda.
Además de la sustancia como synolon, Aristóteles denomina también,
de un modo un tanto equívoco, sustancia (sustancia segunda) al eidos, es decir,
a la morphé considerada como universal.
Se llama sustancia (2ª), pero hay que dejar claro que ésta no subsiste en sí o
por sí. El hecho de que le aplique también el nombre de sustancia se debe a que
el eidos-esencia, sin ser la sustancia primera(synolon), tampoco es un
accidente, es decir, una modificación de la sustancia, sino lo que la
constituye; y se debe también al hecho de que la sustancia segunda es el objeto
de la ciencia. De la sustancia primera, es decir, de lo individual como
individual, no hay ciencia, según Aristóteles. El intelecto deduce la sustancia
segunda al encontrar lo común e igual en múltiples particulares distintos.
Después se entiende la sustancia primera a partir de la sustancia segunda. Es
decir, que lo individual se entiende a
partir de lo universal, como en Platón, si bien, al contrario que en Platón, no
hay un objeto separado para el conocimiento universal, pues éste es una
elaboración intelectual realizada a partir de la experiencia sensible.
- La teoría de la potencia y el acto.
Con vistas a la conceptualización del movimiento, Aristóteles
introduce la distinción entre potencia y acto. Son éstas dos nociones
de importancia capital en el pensamiento de Aristóteles. Surgen, como decimos,
en un principio, al enfrentarse con la explicación del movimiento físico, pero
en seguida adquieren un mentido más amplio, convirtiéndose en nociones
generales con aplicaciones a todos los campos de la filosofía. La falta de esta distinción, la
consideración del ser como acto sin potencia (sin potencia: lo que quiere decir
que no tiene aptitud para devenir, para cambiar) es lo que llevaba a Parménides
a la falsa antítesis entre ser y no-ser y a la negación del movimiento y de la
physis.
Aristóteles deduce la distinción entre potencia y acto
fijándose en el hecho elemental del cambio.
Los seres físicos cambian. Pero no podrían cambiar si antes del cambio no
tuvieran capacidad para cambiar. Por lo tanto, esa capacidad es en ellos algo
real y distinguible de lo que son en acto o actualmente. Y así, en todo ser
físico existe un doble principio real, uno en acto y otro en potencia. Un
escultor talla en un bloque de madera una estatua. Pero no podría poner en acto
esa forma si antes no estuviera en la madera en potencia. El maestro enseña al niño la ciencia. Pero no podría
enseñársela si la inteligencia del niño no tuviera capacidad para aprenderla.
De la semilla sale la planta. Pero no podría salir si antes si antes no
estuviera allí en potencia. Si cerramos los ojos no vemos. Pero conservamos la
capacidad de ver, y al abrirlos vemos en acto. La inteligencia está en potencia
mientras no piensa alguna cosa efectivamente. Con estos y otros ejemplos trata
Aristóteles de expresar esas dos nociones.
Por tanto, en todo ser, salvo, como veremos, en Dios (que es acto puro),
hay lo que es en acto, o lo que ya es, y lo que es en potencia, lo que todavía
no es, pero puede llegar a ser. La potencia es el término medio entre ser y
no-ser, el término medio que negaba
Parménides.
El acto es el ser actual en estado de acabamiento, función y
perfección. Aristóteles emplea dos términos, que indican estos significados:
-
enérgeia: estar en obra (ergon), indica el acto por el que el ente
realiza
ACTO: su
esencia.
- entelequia: de telos(finalidad,
sentido) y ejein (tener, poseer), por tanto: sostenerse en el fin, el ente en
su sazón, madurez o plenitud.
El acto es anterior a la potencia ( ¡la gallina antes que el
huevo! ) en tres sentidos:
-lógicamente, ya que la noción del ser en potencia supone la
del ser en acto.
-temporalmente, ya que el ser en acto sólo procede del ser en
potencia con el concurso de otro ser en acto.
-Ontológicamente: el ser en potencia está inacabado y debe ser
considerado camino hacia el ser en acto.
La teoría de la potencia y el acto se corresponde con la teoría
hilemórfica: la materia está en potencia pasiva de la forma. Y la forma es lo
que actualiza la materia.
Desarrollo de la Física
Como hemos visto en la exposición de las doctrinas de
Parménides y de Platón, la consideración del movimiento como algo absurdo (
Parménides) o como una realidad defectuosa (Platón) conducía a la negación de
la posibilidad de la física, es decir, de una ciencia del movimiento.
Aristóteles rehabilita el movimiento: lejos de ser absurdo o imperfecto, el
movimiento es causa de reconciliación de los entes con el ser. Gracias a él el
ser concreto alcanza a ser lo que le corresponde. Y al rehabilitar la realidad
del movimiento Aristóteles hace posible la física como ciencia, pues el
movimiento (como ha quedado claro por la filosofía primera, la cual es sobre
todo una elucidación del ser del devenir) es inteligible. La definición de
física es: ciencia que estudia los seres dotados de movimiento propio (o
ciencia del devenir). Como ciencia (recuérdese la definición de ciencia) es una
explicación de las causas del ser natural. Por eso es parte esencial de la
física de Aristóteles la teoría de las cuatro causas, que es la respuesta
aristotélica al antiguo problema del principio (arjé).
La teoría de las cuatro
causas.
La noción aristotélica de causa es mucho más amplia que el
concepto actual. Para nosotros causa
tiene casi siempre sólo el significado de la causa eficiente de Aristóteles.
Para éste causa es todo lo que concurre en la constitución de algo, y en este
amplio sentido hay estas cuatro causas:
1ª Causa material: aquello de lo cual una cosa llega a ser y
es
2ª Causa formal: aquello que la cosa es y llega a ser, la
determinación en que consiste
3ª Causa eficiente: aquello por obra de lo cual es y llega a
ser
4ª Causa final o causa del bien: aquello para lo cual la
cosa es
Las dos primeras causas son intrínsecas al ser natural y las dos
últimas, en cierto modo, extrínsecas. Las dos primeras son estáticas, en tanto
que las otras son dinámicas. Todo lo que puede ser llamado causa de algo se
comprende en alguno de estos cuatro tipos. Aristóteles reconoce a los filósofos
que le han precedido el haber descubierto estas causas: los jónicos hablaron de
un arjé material, los pluralistas hablaron de la causa eficiente (como el amor
y el odio en Empédocles), los pitagóricos y
Platón insistieron en la causa formal, Platón y Anaxágoras hablaron de
la causa final o del bien. Pero todos
fueron parciales y no llegaron a postular las cuatro causas juntas.
La teoría de las cuatro causas es reducible a la hilemórfica,
como la del acto y la potencia, porque la causa eficiente y la final son reducibles a la formal, quedando
entonces la material y la formal (hyle y morphé). En efecto, la causa eficiente
es eficiente en tanto posee la forma. El músico forma a músicos porque es
músico (tiene la forma que transmite), el hombre engendra al hombre porque es
hombre. Y la causa final es reducible a la formal porque la entelequia, que es
el fin como perfección, no es otra cosa que la forma en acto completo o
perfeccionada.
La explicación
del movimiento
Ya dijimos que el concepto de physis es coextensivo con el de
movimiento. De ahí la importancia para la física de una explicación del
movimiento. Con la terminología que ya conocemos, la definición de movimiento
es: el paso de la potencia al acto.
Ahora bien, en este tránsito cabe distinguir tres momentos o principios:
-sujeto: lo que permanece en el cambio sin cambiar
-privación: en el término inicial del movimiento, la
potencia cualificada para adquirir la forma que es acto al final del
movimiento. La privación se distingue de la negación: una piedra no-es una
encina en el modo de la negación, un
bellota no-es una encina en el modo de la privación. Aquí vale lo dicho para la
potencia: la privación resuelve la falsa antítesis parmenídea entre ser y
no-ser.
-forma (morphé):lo que llega a ser en el término final
del movimiento. En todo cambio permanece un sujeto, el cual pasa de la
privación de la forma a su posesión.
Aristóteles tiene del movimiento un concepto teleológico (de
telos). Todos los seres se mueven naturalmente hacia su fin, que es su propia
perfección; afirmación de clara resonancia platónica pero de sentido muy
distinto al de Platón, pues el fin al que tienden las cosas es inmanente a las
cosas y no, como en Platón, trascendente y superior a ellas.
El paso de la potencia
al acto en un ser sólo se produce con el concurso de otro ser que posee ya en
algún modo aquel acto. Por ejemplo, algo que tiene la potencia de arder sólo
arde por la presencia de algo ardiendo. Esto significa que nada se produce sin
causa, no hay movimiento espontáneo. Lo cual coincide con lo que hemos dicho
sobre la prioridad del acto sobre la potencia y sobre la reducción de la causa
eficiente a la causa formal
- La postulación del acto
puro para hacer inteligible el movimiento.
El principio de que todo lo
que mueve es movido por otro le sirve a Aristóteles para postular la existencia
del acto puro, es decir, Dios. El argumento que utiliza es el que hemos visto
aparecer detrás de la facultad de los principios (nous) y que llevaba a la
necesidad de principios primeros por la imposibilidad de una regresión
infinita. Ahora, si todo lo que se mueve es movido por otro, y no hubiera un
ser inmóvil, que moviera pero sin ser movido, entonces no habría un ser último
y se produciría la absurda regresión al infinito. Por tanto, para vencer ese
vértigo ante una serie de motores móviles infinita, es necesario postular un
motor último inmóvil, que ya no es movido por otro. Como tiene que ser inmóvil,
todo en él ha de ser acto y nada potencia: es acto puro. Y como la materia equivale a la potencialidad, el acto puro ha
de ser inmaterial. Tenemos así afirmado, como un postulado de la
inteligibilidad del movimiento, el ser de una sustancia inmaterial inmóvil, es
decir, un ser de aquellas características de la idea platónica y del ser
parmenídeo. Es este un detalle de la filosofía aristotélica que algunos han
visto como una recaída en el platonismo.
3. La teoría aristotélica
del alma
En la doctrina de Platón sobre el alma, que se remonta a través
del pitagorismo a la religión órfica, hemos visto al alma separable y separada
del hombre de carne y hueso, y
siguiendo un destino que bien podemos llamar religioso. El
característico dualismo platónico mundo material/mundo inmaterial ahondaba en
la antropología la contraposición cuerpo/alma, hasta el punto de considerar al
alma como habitante originaria del mundo inmaterial, y al cuerpo como cárcel
del alma. Ello conducía a Platón a proclamar para sus teorías el extraño papel
de una filosofía de ultratumba.
Aristóteles formula la cuestión del alma de una manera muy
diferente. Se desentiende de la cuestión religiosa. Es el biólogo, o mejor
dicho, el filósofo de la vida, el que se pregunta por el alma. El objeto de la
psicología (psicología viene del griego psijé, alma ) para Aristóteles no es
sólo la naturaleza superior del ser humano, sino todo el ámbito de la vida,
pues todo lo que tiene vida tiene alma. ¿Qué es pues el alma?
Aristóteles aplica a la cuestión los conceptos fundamentales de
su física y de su filosofía primera:
forma
materia
el alma es acto mientras que el cuerpo es potencia
fin instrumento
La definición de alma que da
Aristóteles es: primera entelequia del cuerpo físico que en potencia tiene
vida. El alma es al cuerpo lo que la
función es al órgano: El alma es al cuerpo
lo que la visión al ojo. De esto se deduce que el alma no es un ser
subsistente en sí mismo. La sustancia no es el alma sino el compuesto de alma y
cuerpo (igual que la sustancia primera era, como vimos, un compuesto de materia
y forma). Las relaciones entre alma y cuerpo ya no serán, como en Platón, las relaciones entre dos sustancias unidas
accidentalmente. En cada ser vivo hay sólo una sustancia y el alma es lo que
designa el aspecto formal (esencial) y activo de ese ser. De esto se deduce también que el alma no
trasciende al cuerpo, es decir, que no es inmortal; no hay alma sin cuerpo,
como no hay visión si el ojo no ve. Carece de sentido la doctrina platónica de
la transmigración de las almas, siendo el alma forma sustancial de un cuerpo.
Como actividad (entelequia, recordemos, significa plenitud de actividad) o
principio de vida, el alma es un conjunto de operaciones de los seres vivos,
operaciones que pueden agruparse en tres clases (por lo que puede hablarse
de tres almas):
+ Vegetativa, con las siguientes funciones: nutrición, crecimiento
y reproducción. Las plantas tienen exclusivamente alma vegetativa.
+ Sensitiva, con las funciones de sensación, apetito (deseo) y locomoción. La sensación
va ligada al movimiento. Las plantas no necesitan sentir porque no se mueven, realizan su alimentación
automáticamente. En cambio, los
animales capacitados para moverse necesitan tener sensaciones, pues les
sería inútil moverse si no pudieran
reconocer (sentir) lo que pueden encontrarse.
+ Racional, alma exclusiva
del hombre, que tiene las funciones del razonamiento y la volición racional.
Alma vegetativa, alma sensitiva y alma racional, son una serie en
la cual la posterior supone la anterior y se distingue de ella. En el hombre,
como veremos en la exposición de la ética aristotélica, las distintas
operaciones se ordenan jerárquicamente en función del alma racional, que tiene
(ha de tener), como en Platón, una función rectora.
En cuanto al alma sensitiva,
Aristóteles distingue con precisión distintas
funciones, que se articulan fácilmente con las funciones racionales o
intelectuales. Así distingue:
a) Sentidos externos: los cinco sentidos clásicos; son potencias
que pasan al acto por la presencia en acto de los llamados sensibles propios :
color, sonido, etc.
Y b) Sentidos internos, en
los que distingue a su vez:
b,1) El sentido común, que no es el buen sentido habitual, sino un
sentido encargado de las siguientes operaciones:
-Percepción de los sensibles comunes. número, figura y
movimiento.
-Apercepción, que consiste en la percepción reflexiva de sí mismo
que acompaña a las percepciones propias.
- Síntesis de los sensibles propios, función que permite
unificar los datos provenientes de los distintos sentidos en un mismo
objeto.
b,2) La imaginación. Es la
facultad que produce imágenes. Es condición de la memoria y hace de puente con
el entendimiento. La imagen, que Aristóteles define como sensación debilitada,
posee la ventaja de no requerir la presencia
actual del objeto, con lo que la conciencia puede emanciparse de lo singular
y alcanzar lo abstracto y universal (que es el objeto de la
inteligencia). No es posible pensar
sin imágenes, dice Aristóteles.
b,3) La memoria. En ésta se
distingue la retentiva o memoria involuntaria y el recuerdo o memoria
voluntaria. Sólo los hombres tienen recuerdo, pues éste es una especie de
deducción intelectual.
En cuanto al alma racional, Aristóteles define la inteligencia con esta fórmula: La
inteligencia es en cierto modo todas las cosas, lo cual parece precisamente lo
contrario de una definición, pues en ésta se trata de delimitar algo frente a
todo lo demás. Pero la inteligencia
está abierta a todas las cosas: no está más cualificada para entender unas más
que otras. Cada sentido está abierto a una parcela de la realidad, para la que
es sensible; ahora bien, la inteligencia no tiene ninguna restricción. Como
facultad, la inteligencia está en potencia respecto a los inteligibles. ¿Ahora
bien, cómo pasa de la potencia al acto? No podrá ser únicamente por obra de la
presencia de los sensibles, que son sin duda indispensables para la operación
de abstracción, pero de los que no podrían nacer espontáneamente los
inteligibles en acto, ya que las impresiones sensibles contienen los
inteligibles sólo en potencia. Conforme a la regla general según la cual un ser
sólo puede pasar de la potencia al acto por obra de otro ser que esté ya en ese
acto, Aristóteles se ve obligado a hacer una oscura distinción que trajo de
cabeza a los comentaristas medievales: la distinción entre entendimiento pasivo
o paciente y entendimiento agente o activo. Por encima del entendimiento
pasivo, que no piensa siempre, hay una inteligencia siempre en acto, que
produce los inteligibles (o más bien la inteligibilidad) a la manera de la luz
que pone en acto los colores. Sobre la naturaleza de este entendimiento, si es
parte del hombre o es una sustancia separada del alma humana, si es inmortal o
no, Aristóteles siembra una confusión enorme.
4. ARISTÓTELES: MORAL Y
POLÍTICA.
LA MORAL O ÉTICA
ARISTOTÉLICA.
Aristóteles es el creador de la disciplina filosófica de la
ética, más aún que Sócrates y Platón. Le dedicó a la cuestión varias obras,
entre las que destaca por densidad y profundidad la Ética a Nicómaco. Lejos de
proponer un bien trascendente, como había hecho Platón, Aristóteles intenta
esclarecer los fines inmanentes a las acciones humanas, con vistas a ordenarlos
y a subordinarlos al fin supremo de una felicidad a la medida del hombre,
alcanzable en el mundo de la vida general.
En su investigación, Aristóteles superará también el exagerado
intelectualismo moral que parte de Sócrates, al resaltar el lazo existente
entre la inteligencia y los aspectos no intelectuales de la conducta, como la
pasión y la fuerza de voluntad.
-- El Eudemonismo.
Aristóteles, contrapuesto una vez más a Platón, niega la
trascendencia de un bien en sí o de la
forma universal del bien. Bien, como ser, es una palabra polívoca: el bien se
dice de muchas maneras... Nadie busca el bien en sí, sino su propio bien. Según
el ser, así el bien, pues el bien propio de cada ser está determinado por las
posibilidades de su naturaleza. Llegar a ese bien es justamente el sentido de
la actividad de cada ser, pues bien y fin (telos) coinciden. Toda tarea, toda investigación y del mismo
modo toda acción y toda elección
tienden hacia algún fin o bien; por esto se ha dicho con razón que el
bien es aquello a que tienden todas
las cosas.(Dice Aristóteles en la Ética a Nicómaco).
Aristóteles insiste en el carácter intencional (La tendencia a un
fin) de la vida humana. La cuestión del sentido de lo que hacemos y de lo que
nos pasa es universal: todos tenemos necesidad de encontrar sentido. Una
conducta o una situación carentes de sentido (sin un porqué, sin finalidad) es
absurda e insostenible. La acción tiene forma intencional: en cada acción nos
proponemos algo. Ahora bien, los propósitos están relacionados entre sí jerárquicamente, se subordinan unos a
otros. El fin de poner el despertador es venir a clase, el fin de venir a clase
es aprender, el fin de aprender es ¿aprobar? ¿madurar? ¿ser culto?
¿trabajar?...Y así sucesivamente: ¿para qué ser culto? ¿para qué trabajar? Hay
fines más importantes que otros, a los cuales éstos se subordinan, lo que se ve
sobre todo en caso de conflicto entre propósitos. A veces queremos o nos
proponemos cosas contradictorias: ser justos y llevarnos bien con todo el
mundo, el placer y la fidelidad, etc., donde se plantea la exigencia de
establecer un orden de los fines... Pues bien, según Aristóteles, para que este
orden en las cosas de la vida sea completo, ha de haber un fin final -vale la
redundancia- algo que queremos por sí mismo y a lo cual debe ordenarse y
subordinarse todo lo demás. Si, por el contrario, todo se hiciera con vistas a
otra cosa, se actuaría en el vacío; la vida considerada como una unidad
carecería de sentido, por lo mismo que carecería de orden.
Pues bien, ¿cuál ha de ser el fin o bien supremos? Todo el mundo
está de acuerdo: es la felicidad. Lo que se quiere absolutamente por sí mismo y
ya no se quiere por otra cosa, es impostergable e insubordinable, es la
felicidad. (Felicidad se dice en griego eudaimon, razón por la que la posición
ética de Aristóteles se conoce como eudemonismo). Ahora bien, el acuerdo sobre
el fin supremo parece referirse sólo al nombre, pues la felicidad se hace
consistir en cosas muy diversas, de modo que no hay acuerdo en torno a qué
camino conduce a la felicidad. Los más ponen la felicidad en algunas de estas
tres cosas: riquezas, honores(fama) y placeres. Aristóteles mostrará que éstos no son verdaderos caminos a la
felicidad. ¿Y cómo ha de hacerlo? Mostrando que tales cosas no pueden ser
buscadas o queridas por sí mismas. Las riquezas no pueden ser queridas por sí
mismas, pues precisamente son un instrumento, un medio (¿qué es el dinero? Un
puro medio. Hay quien no desea más que el dinero, ¿y qué es tal? Un trozo de
papel, unos números): Aristóteles lo dice de un modo afortunado: las riquezas
no tienen ningún valor si no se comparten con los amigos...Lo mejor de las
riquezas es que sirven para ser generosos. En cuanto a los honores (el
reconocimiento de los demás, que no es el amor y la amistad, sino algo más
exterior y más público), no valen nada si no van unidos al mérito, a lo
valioso. Quien busca el reconocimiento ajeno por encima de todo, lo más fácil
es que no tenga tiempo para hacerse
digno del mismo. Igualmente, el placer no puede ser perseguido como el fin
último, pues es inseguro e inconstante. El placer es como un adorno del
bien, algo que se sobreañade como un premio o como una corona al bien: pero si
se separa de éste y se busca por encima del mismo, entonces se convierte en
algo indigno. Pues bien, si algo que no es o no debe ser más que un medio o
algo superfluo (como riquezas, honores, etc.) es buscado como lo fundamental,
entonces la conducta está mal ordenada, y de una conducta así no puede seguirse
la felicidad. Entonces, ¿qué ha de conducir a la felicidad? Sólo cabe responder
a la pregunta y acabar con la disputa sobre qué da la felicidad, si se
determina cuál es la actividad propia del hombre en cuanto hombre (no en cuanto
ser vivo, o en cuanto pintor, o en cuanto español), porque para Aristóteles la
felicidad tiene que ser el resultado del correcto desempeño de lo que es
propio. La excelencia o perfección de la actividad propia de cada cosa se dice
en griego arcaico Areté, que fue traducido por virtud. (En griego significaba
algo más general que el término posterior de virtud. Cualquier cosa puede tener
areté: la virtud (areté) de un bolígrafo es escribir bien, la de un árbol es dar buen fruto...). Ahora
bien, lo propio del hombre ¿qué es? La razón, la inteligencia, como se dice en
su definición esencial: el animal racional. Así pues, el hombre será feliz si
se determina con virtud, es decir, con excelencia, conforme a la razón. Tenemos
así que en Aristóteles el estudio de la felicidad se convierte en el estudio de
la virtud del hombre, es decir, de lo que le corresponde en tanto es racional.
Ahora bien, la idea de vivir conforme a la razón puede entenderse de dos maneras: primera:
vivir guiado o gobernado por la razón, y segunda: vivir dedicado a la razón.
Conforme a estos dos sentidos de la idea de vivir de acuerdo a la razón, habrá que hablar de dos tipos de
virtudes: las virtudes éticas, que son las que resultan de aplicar la razón a
la vida, de conducirse en la vida razonablemente; y las virtudes dianoéticas
(de dianoia, inteligencia), que son las
que se refieren a la vida de dedicación a la razón (virtudes intelectuales).
Estos dos tipos de virtudes apuntan a dos tipos de vida: las éticas se refieren
al modo de vida del hombre activo, que conduce su vida con prudencia (phrónesis); y las virtudes dianoéticas se refieren
al ideal de vida del hombre contemplativo. Aristóteles da pie a considerar
estos dos modos de vida como alternativos y sostiene que la vida contemplativa
es un ideal superior, pero de hecho le dedica mucho mayor atención a la vida
activa. La definición que da Aristóteles de la virtud es en efecto una
definición de la virtud ética:
Virtud es una disposición
adquirida de la voluntad, consistente en un justo punto medio relativo a
nosotros, determinado por la recta razón y tal como lo concretaría el hombre
prudente.
Disposición adquirida de la
voluntad. Lo cual quiere decir que no es un don de la naturaleza, no brota
espontáneamente de ella, sino que es preciso adquirirla por la repetición del
acto, mediante el esfuerzo y la perseverancia.
La virtud arraiga: al convertirse en hábito el acto virtuoso emana con más
naturalidad, se convierte en una disposición.
Consistente en un justo
punto medio relativo a nosotros determinado por la recta razón. Este punto
medio es un punto óptimo entre dos extremos viciosos (por exceso y por
defecto). Este punto medio no es un absoluto, ni igual para todos, sino
relativo a nosotros y a la situación que se presente; su determinación es una
cuestión de tacto o prudencia. Será la prudencia lo que aconseje en cada caso
sobre qué es lo conveniente. Las pasiones son la materia de esta métrica,
pasiones que implican más y menos y que se extreman en parejas: temor y
audacia, deseo y aversión, etc. Aquí se contiene el viejo ideal de que en el
medio está la virtud, un ideal de moderación que puede ponerse en relación con
la proporcionalidad y el equilibrio del canon artístico griego, con el ejemplo
de la salud del cuerpo, que paga todo exceso, y con la opinión común de que hay
una manera de ser bueno y mil de ser malo. Como se ve, la función de la razón
es regular la pasión. Esta es la clave de la felicicidad. (La razón no tiene
por misión erradicar la pasión, como defenderán los estoicos más tarde, sino
regularla).
Tal como lo concretaría el
hombre prudente. Con esta frase Aristóteles reconoce que ningún sistema moral,
ninguna filosofía pueden sustituir al consejo del hombre prudente, es decir, de
un amigo prudente cuyo consejo venga precedido por el conocimiento de la
circunstancia -siempre nueva- a la que se aplica. La ética no es una ciencia
exacta y se decide enteramente en el momento de su aplicación, de modo que la
ética no puede sustituir a la conciencia singular ante el caso concreto, como veremos también más
adelante. No es suficiente el conocimiento moral para llevarlo a cabo. La
moralidad no pertenece sólo al orden del logos, sino también al pathos
(pasión)y al ethos (carácter). En resumidas cuentas, Aristóteles no propone,
como hace Platón en La República, una clasificación de las virtudes fundada en
la distinción de las partes del alma. Cada virtud es definida a partir de un
cierto tipo de situación (el peligro para el valor, la riqueza para la
liberalidad, el placer para la templanza, etc.). La virtud ética sólo existe en
la situación (lo cual permite a Aristóteles negar que Dios sea virtuoso). Y al
no ser sistematizables las situaciones, la ética de Aristóteles se ofrece en
este punto de las virtudes éticas como una ética descriptiva: describe tipos de
hombre virtuoso.
La virtud ética más importante es la justicia, pues en ella el
individuo busca no sólo el bien propio sino también el de los demás: El hombre
más perfecto no es el que emplea su virtud sólo en sí mismo, sino el que la
emplea para otros. Y así puede considerarse la justicia no como una virtud
entre otras, sino como la virtud íntegra, y su contrario, la injusticia, no
como una parte del vicio, sino el vicio entero. La justicia se concreta en la
obediencia a las leyes democráticas y en considerar a los ciudadanos libres
como iguales. La virtud de la justicia
apunta ya a la política como ámbito necesario para la realización plena.
Como complemento de la justicia señala Aristóteles la virtud de la equidad, que
consiste en la aplicación prudente de la ley, es decir, en la reconsideración
de la ley a la luz del caso. La ley tiene un carácter universal y no puede
prever ni determinar en concreto todos los casos particulares. Por eso es
necesaria la equidad. En cierto modo, lo equitativo está por encima de lo justo
(si lo justo es meramente lo que se atiene a la ley).
-La ética aristotélica en
relación con el intelectualismo griego.
El intelectualismo, según hemos visto, caracteriza a la ética
griega. Intelectualismo era la consideración socrática del mal como ignorancia
y el proyecto platónico de dictadura filosófica. Aristóteles, si bien cree que la virtud consiste en ser
racional y alguna vez declara la vida contemplativa como la más alta, mitiga el
intelectualismo griego. En primer lugar, por el motivo de que distingue (como
vimos al hablar de los grados de conocimiento) entre razón teórica (la de la
ciencia y la filosofía) y razón práctica (phrónesis). No basta con tener
ciencia (en el sentido teórico) para obrar bien, sino que es preciso el
conocimiento práctico, el cual no se adquiere en los libros, ni pensando, sino
en la experiencia de la vida. Por eso la ética como saber no es una ciencia que
pueda sustituir a la propia conciencia moral en la situación concreta. En
segundo lugar, en el análisis del acto voluntario, que es el acto relevante
desde el punto de vista moral, Aristóteles tiene en cuenta varios aspectos no
intelectualistas:
- conocimiento del fin (saber qué hay que hacer)
acto voluntario
- voluntad de alcanzarlo (querer hacerlo)
- deliberación y elección del medio (elegir cuándo y cómo)
- firmeza al obrar (Resolución o perseverancia)(fuerza de voluntad)
La voluntad de alcanzar el fin y la firmeza al obrar no son
reducibles al conocimiento, ni determinables enteramente por éste, sino que
brotan de la voluntad como distinta de la inteligencia
ARISTÓTELES: LA POLÍTICA
Grecia vivió en unos pocos años una experiencia política intensa
y variada. Las ciudades griegas, por mor de su relativa independencia,
experimentan los más distintos regímenes políticos: monarquía, aristocracia,
democracia, con todos sus grados intermedios y sus formas degeneradas: tiranía,
oligarquía, demagogia. Si consideramos este ambiente como un rico laboratorio
político, no nos extraña que los
pensadores griegos fijaran su atención en el mundo político y que
alcanzaran gran madurez en sus teorías
sobre el mismo. (La filosofía de Platón es un buen ejemplo de esto).
En Aristóteles, como hemos podido ver al tratar su ética, la
reflexión sobre el bien y la felicidad del individuo deriva necesariamente en
la cuestión del bien y de la felicidad generales, de modo que la ética como estudio de la conducta
individual orientado a la felicidad se subordina a una ciencia más alta: la
política, calificada en la Ética a Nicómaco de ciencia fundamental.
Origen de la sociedad.-
Aristóteles afirma que El hombre es por naturaleza un animal político(o
social). Esta tesis, al poner el origen de la sociabilidad humana en la
naturaleza, esto es, en algo más hondo que la conveniencia del agrupamiento
entre las personas captada por la inteligencia, es una tesis contraria al
convencionalismo de algunos sofistas (como Licofrón), que proponían la teoría
del pacto social. La sociedad brota de
la misma naturaleza humana. Para comprender esta afirmación hay que tener
presente el carácter teleológico del pensamiento aristotélico: en la naturaleza
de cada cosa hay una tendencia a alcanzar su propia perfección, en la cual
consiste su bien. Ahora bien, el hombre no puede alcanzar su perfección en
aislamiento, porque el individuo aislado no se basta a sí mismo. Por esta razón
se agrupa en comunidades: la familia, la aldea, la polis. La ciudad, la polis, es el telos de la evolución de las distintas formas de
comunidad, y si bien es posterior históricamente a éstas, es más perfecta y por
eso tiene prioridad de naturaleza:
La ciudad -dice Aristóteles en la Política- es por
naturaleza anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es
anterior a la parte (ver nota 1 abajo); en efecto, destruido el todo, no habrá
pie ni mano, a no ser equívocamente (como se puede llamar mano a una de
piedra). Todas las cosas se definen por su función y sus facultades, y cuando
éstas dejan de serlo que eran no se
puede decir que las cosas son las mismas, sino en el nombre. Es evidente pues
que la ciudad es por naturaleza anterior al individuo, porque si el individuo
separado no se basta a sí mismo, será como una parte separada del todo. Y el
que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada por su propia suficiencia, y
no es miembro de una sociedad, no es un hombre, sino una bestia o un dios.
Por tanto, la ciudad es la totalidad que realiza el ideal de
autarquía que el individuo por sí solo no puede alcanzar (Aristóteles,
consecuentemente, rechaza el proyecto imperial de Alejandro Magno). Cada nivel
de asociación (familia, aldea y ciudad)
tiene su telos específico. La familia busca perpetuar la especie, la aldea
busca satisfacer las necesidades cotidianas, y la ciudad, que tiene la
finalidad más alta, existe para la consecución de una vida plena y feliz.
Así pues, el fin de la polis no radica sólo en subvenir a las
necesidades materiales (para eso basta la aldea) sino en la vida buena, es
decir, la vida feliz de la comunidad:
No sólo se han asociado los hombres para vivir, sino para vivir bien. Ese buen
vivir no hay que entenderlo sólo como vida cómoda y opulenta, sino como una
vida completa, virtuosa, o sea, conforme a la razón. De lo cual se deriva que
la ciudad debe ocuparse de la virtud; la política revierte sobre la ética: así
como el fin de la ética, la vida feliz, apunta a la político
______Nota 1: Esta
afirmación implica una idea orgánica del todo, el cual no es un mero agregado
en que las partes se yuxtaponen, sino un orden o una jerarquía en la que cada
parte adquiere sentido por su relación con las otras.
como al único ámbito donde
es realizable, el fin de la política no es otro que el propio fin ético: la vida buena de los ciudadanos. Por
otro lado, del bien común, que es el fin específico de la comunidad política,
queda excluida la mayor parte de los individuos que componen la ciudad, pues en
realidad sólo pueden aspirar a él los ciudadanos libres (y no eran tales, para
Aristóteles y para su época, las mujeres, los metecos, los esclavos, los
artesanos, los labradores, los mercaderes), es decir, los que poseen suficiente
riqueza para no tener que gastarse en el trabajo y disponen de tiempo y de ocio
para consagrarse a las actividades superiores de la virtud, que corresponden a
las virtudes dianoéticas. Con que, lamentablemente, el bien común de la ciudad
se reduce al bien de una clase particular, y el fin de la comunidad política consiste
en hacer posible la vida contemplativa de unos pocos.
Se da en Aristóteles una deleznable justificación de la
esclavitud. Los esclavos serían instrumentos vivientes: Un hombre que por
naturaleza no se pertenece, sino que es el hombre de otro, ese ser es por
naturaleza esclavo: siendo hombre, es objeto de propiedad en cuanto es
instrumento adecuado a la acción. El esclavo es más que la bestia, pues está
dotado de razón, pero ésta sólo le
sirve para conocer la razón de su amo.
Por otro lado, Aristóteles rechaza el comunismo platónico con
una serie de razones. El comunismo platónico, que se extiende a las mujeres
y a los niños, lejos de ser un medio
para realizar el ideal del Estado, lo destruiría. Cuanto más común es una cosa,
menos cuidados obtiene, pues uno está más inclinado a olvidar un deber cuando
sabe que otro debe igualmente ocuparse en él. Cada niño será igualmente
descuidado por los adultos: si hay diez mil conciudadanos, cada padre tendrá
conciencia de no tener que ejercer más que 1/10.000 de paternidad colectiva.
Vale más ser primo en el sistema actual, dice Aristóteles, que ser padre en el sistema platónico. En
éste la fraternidad quedará diluida, como una gota de vino en demasiada agua.
Contra el comunismo de los bienes materiales, Aristóteles considera, por
razones semejantes, que el mejor es el sistema de la propiedad, adobado por
costumbres y leyes que desarrollen el uso común de los bienes (el uso de las
cosas del vecino cuando sea necesario).
Aristóteles encuentra confirmación a la propiedad privada en el signo de
la naturaleza que es el placer. Hay razón en condenar el egoísmo, el amor
excesivo a uno mismo y a lo que le es propio. No obstante, el amor a sí mismo
es natural: el placer de poseer viene de ahí. Por otro lado, es natural el
placer de dar a los amigos y compañeros, y para dar es necesario poseer en
propiedad. Aristóteles considera que
Platón, al suprimir la propiedad, confunde la causa de los conflictos: no
provienen de la propiedad sino de la malicia de los hombres. Si ésta se
advierte pocas veces en la propiedad común es porque los casos de propiedad
común son raros.
Formas de gobierno-
Aristóteles no tiene un ideal absoluto para la constitución del
Estado, como lo tenía Platón. De acuerdo con el carácter del pueblo y con las
circunstancias, puede ser más conveniente el gobierno de uno o el de varios o
el de muchos (monarquía, aristocracia, república democrática), con tal de que sea
ejercido para el bien común y no sólo para el de los gobernantes, como ocurre
en las formas degenerativas (tiranía, oligarquía, democracia degenerada). Sin
embargo, la preferencia de Aristóteles está por el gobierno de una república
con una clase media bastante numerosa para no caer en los defectos de la
oligarquía y bastante provista de bienes para no caer en la tentación de
dilapidar las riquezas de la ciudad. Varias razones avalan la superioridad de
la democracia:
1ª Si bien el hombre del pueblo es, tomado individualmente, muy inferior al hombre competente, el
pueblo tomado en conjunto representa una suma de competencia y de prudencia
superior a la del mejor hombre solo.
2ª El pueblo es el usuario
del Estado, y quien utiliza el Estado se halla en mejores condiciones para
juzgar sobre él incluso que quien lo dirige. El invitado juzga mejor los
manjares que el cocinero.
3ª Un número grande de hombres es más difícilmente corruptible que
uno pequeño.
Y 4ª La libertad se asegura mejor cuando en los ciudadanos se
alternan, como ocurre en la democracia, las condiciones de gobernante y
gobernado.